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Tenemos un invitado de lujo, nos envía este post Juan Luis de Castellví, dice su CV que es Socorrista Acuático, Técnico en Emergencias Sanitarias y Gestor de Recursos de Seguridad y Emergencias por la ULPGC entre otras cosas.

Y yo añado: un referente en emergencias, conocido y respetado en redes sociales, impulsor de la cuenta @Emergencias112 y de iniciativas como #Edcivemerg. Encontramos sus opiniones en su blog “De lo divino y lo humano…

¡Gracias por tu colaboración Juan Luis!

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Socorrismo acuático y emergencias.

Da la impresión de que el socorrismo acuático y la atención de emergencias en tierra son dos mundos diferentes. Que no se tocan. Es cierto que son medios muy diferentes, pero tienen una cosa en común que debería marcar la diferencia. La víctima.

El paciente es el único protagonista de nuestras acciones, y hay un momento crítico en el que la parte mojada y la parte seca se tocan, en la transferencia del paciente.

El medio acuático es agresivo. No es el medio natural del ser humano, de modo que cada vez que el personal de salvamento marítimo, el SAR o un socorrista acuático sale en busca de una persona en apuros en el agua, se juega la vida de un modo que sólo el que lo vive puede entender. Hay multitud de factores a sumar a la atención de una víctima en tierra, que también tiene sus riesgos específicos, pero en el caso de un rescate en agua (mar, río, pantano, piscina…), el riesgo para el rescatador está presente siempre. Un calambre, un golpe de una embarcación, una corriente excesiva, el miedo de la víctima. Son factores que le pueden costar la vida al rescatador. Es importante destacar que el socorrista puede negarse a entrar en el agua si estima que el riesgo es excesivo. Y también que esto no suele suceder por peligroso que sea el rescate.

De modo que en el sector de las ambulancias es muy habitual el planteamiento de “que me lo pongan en la camilla”, dando por hecho que ese es el momento en el que empieza su participación en el servicio. Y creo que es un error. En demasiadas ocasiones el rescatador sale agotado del agua, tras haber nadado lo más rápido posible hasta la víctima, tranquilizarla y remolcarla hasta la costa. De modo que, a falta de presencia de bomberos y/o protección civil, debemos empezar a pensar en usar a uno o varios compañeros como “enlace”, para que ayuden al socorrista a sacar a la víctima del agua y trasladarla hasta el punto en el que vayamos a atenderla, sea la misma arena o la ambulancia en el paseo marítimo.

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¿Cómo hacerlo? Simplemente que una o dos personas, siempre que sea posible distintas de las que van a efectuar el traslado, se quiten el calzado y los pantalones para poder entrar un poco al agua y ofrecer ayuda según el socorrista empiece a hacer pie. Desde luego, nunca el conductor de la ambulancia, que debe estar disponible para ponerse en marcha tan pronto como sea necesario. Nos vale el personal de otra ambulancia, otros socorristas si los hay, los policías, protección civil, incluso voluntarios que haya cerca con ganas de ayudar, que estarán mejor haciendo algo constructivo y no como meros espectadores. Se les debe designar tan pronto como veamos que serán necesarios. En las ambulancias hay cuerdas, se pueden usar si la corriente o el oleaje lo aconseja, si hay chalecos también deben usarse. Muchas unidades de playa de diferentes policías locales en toda España, como la Unidad ORCA de Las Palmas de Gran Canaria, tienen chalecos salvavidas disponibles. No se trata de poner en peligro a nadie, sino de hacer más segura la salida del socorrista y la víctima.

El resto es relacionado con el paciente, la hipotermia puede estar presente, así que preparados para quitar las prendas mojadas (tijeras si es necesario), preparar la camilla con varias sábanas si es posible, dejar alguna a mano para secar al paciente y a los compañeros que se hayan mojado si se da el caso, manta térmica, manta normal y el material que se estime necesario según lo que presente el paciente y la información previa (ahogamiento, traumatismo, etc). Y por último recordar que, en caso de hipotermia, nadie está muerto hasta que está caliente y muerto.

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Esto parece de perogrullo, pero no recuerdo haberlo oído jamás en un curso, ni de socorrismo acuático ni de socorrismo terrestre. Así que no estaría de más que se empezara a mencionar.

Lo agradecerá el socorrista, lo agradecerá la víctima.

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