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Sentimientos de un socorrista…

¡¡ECHO1 ECHO1 ECHO1!!

El mensaje en clave que activa un protocolo de emergencia. El mensaje que pone a toda la Playa de Palma en alerta. Mensaje que me levanta de mi silla en la base para iniciar una carrera contrarreloj. La vida de alguien corre peligro, y de nosotros depende que sus vacaciones no terminen en desgracia.

Un compañero ya está allí. “Inicio RCP” me dice. Puedo notar la angustia en su voz. Inconscientemente me pongo en su lugar y en mi mente revivo experiencias pasadas, una gran descarga de adrenalina inunda mi sangre y comienzo a coordinar al equipo con energía y nerviosismo.

“Silencio en la emisora” grito, pues sería muy poco conveniente que alguien nos interrumpiera ahora. Contacto por walkie con el jefe de supervisores y también al segundo al mando, su mano derecha, ambos en la playa. Mientras llegan he de obtener la ubicación exacta de la emergencia, el tiempo corre en nuestra contra y es mi responsabilidad enviar los recursos al lugar exacto, de lo contrario se retrasarán con fatales consecuencias. Rápidamente pido la posición a las torres cercanas, los compañeros otean la orilla con los prismáticos y me lo comunican, “100metros a la derecha de V1, en la orilla”. Mientras tanto nuestra ambulancia ha salido, de inmediato le comunico la posición exacta y, tan solo tres minutos después del primer aviso, el jefe de supervisores, dos experimentados socorristas, una enfermera, y un técnico, están atendiendo a la víctima.

Ahora solo queda esperar, sé que ellos lo harán bien. Son excelentes profesionales, entrenados para salvar vidas. A menudo nos enfrentamos situaciones similares en ejercicios prácticos y simulacros, es algo que tenemos muy claro en nuestra mente, una rutina metódica, sabemos qué hacer y cómo hacerlo. No necesitamos hablar, nos coordinamos con miradas, la compenetración durante la emergencia es absoluta. Uno comprime el pecho, otro insufla oxígeno, el tercero coloca el desfibrilador para las posibles descargas. Sabemos cómo rotar para turnarnos en las compresiones, donde colocarnos, como entrar y salir. Todo. La secuencia está grabada en nuestro subconsciente como si de un instinto innato se tratase.

Somos socorristas. Nuestro trabajo es salvar vidas

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Javier Escudero

Os pondré en situación… estos son los sentimientos de un socorrista, uno de nuestros SOS, Javier Escudero, los transcribe con tanta pasión que podemos casi sentir lo mismo que él en ese momento. Javier es socorrista de primer año. Es su primera temporada en playas de Palma. Sus compañeros dicen que es un tipo con suerte, en su primer año, le ha tocado vivir un poco de todo, reanimaciones, rescates, accidentes varios… Nuestro protagonista es, por supuesto, socorrista titulado, preparado tanto física como mentalmente…, ha terminado su licenciatura de Administración y Gestión de Empresas. Es además un experto nadador, no en vano ha sido campeón de España en en dos modalidades y aunque no conste en su curriculum, para nosotros es importante,… ¡adora la playa y ser SOS!.

El día del que hablamos estaba a cargo de la emisora durante unos minutos, no es su puesto habitual pero ha ensayado y visto repetida esta situación montones de veces. Descubre de pronto la responsabilidad de ese puesto, los nervios atenazan, hay que actuar con rapidez pero con serenidad. La persona en base, quien recibe el primer aviso cuando hay una emergencia, debe inmediatamente iniciar el protocolo oportuno, localizar el punto exacto de la playa en la que tenemos el percance, destinar los medios humanos, hacer llegar el material necesario… en el menor tiempo posible. Imagino que los pies piden correr hacia la víctima a ver en lo que puedo ayudar, ese instinto de socorrista… sin embargo, nuestro protagonista descubre también, que tiene que esperar y dejar que los compañeros hagan su trabajo… nunca abandonar el puesto, el resto de la playa debe seguir siendo vigilada.

Gracias por hacernos llegar las emociones de ese momento Javier, has conseguido transmitirnos la tensión que se siente sentado en la base, que no es menor que la de los compañeros en la arena. Qué sigas siendo un chico con suerte, aunque… diría yo, que no todo es suerte, viendo tu trayectoria y tu forma de hacer no hay duda de que también hay un esfuerzo personal y un buen trabajo. ¡Enhorabuena!

Mientras, Javier, imaginariamente, hace compresiones, pone oxígeno, prepara desfibrilador, sigue paso a paso el protocolo y espera… quizá se produzca otra vez el milagro…

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