imagen reanimación

Ayer a media tarde recibí la llamada de la coordinadora de una de las playas en las que prestamos servicio de socorrismo y salvamento para informarme del fallecimiento en la playa de un usuario de unos 55 años: probablemente por ahogamiento.

El domingo por la tarde dos hermanas – de 6 y 15 años- fueron reanimadas con éxito por nuestros socorristas tras sufrir un ahogamiento en Gran Canaria y el lunes,  una mujer octogenaria también fue reanimada con éxito en otra de las playas a nuestro cargo.

En los tres incidentes hice las mismas preguntas a los coordinadores…
  • ¿Estaban los socorristas en sus puestos y en actitud preventiva?
  • ¿Se ejecutó el protocolo de alerta y movilización de medios tal y como explica en el manual de trabajo?
  • ¿Se aplicaron las técnicas de reanimación siguiendo el protocolo establecido?

La respuesta a todas mis preguntas fue un claro y rotundo sí, qué me llenó de satisfacción.

Durante las conversaciones observé como en otras ocasiones, la alegría con que el coordinador me hablaba de la actuación de los socorristas y de los nervios y comentarios de los bañistas, policías y miembros del 061 tras las reanimaciones y en la tristeza de los miembros del equipo en el caso en el que por desgracia hubo el fallecido.
El comentario que quiero hacer al respecto, con independencia de la alegría o tristeza que provocan en nosotros este tipo de actuaciones, es lo imprescindible de la aplicación estricta de un protocolo de actuación. El resultado exitoso de una reanimación cardiopulmonar es siempre incierto pero creo que hacer depender la satisfacción personal de ese resultado es un grave error. La satisfacción del trabajo bien realizado ajustándonos al protocolo es lo que nos debería realmente bastar y si además, la reanimación es exitosa, pues el final es completo.
Tras cada actuación de ese tipo, los coordinadores me entregan un informe en el que se describe la actuación, los datos de la víctima, horarios, es el protocolo habitual en las empresas del sector, nuestra forma de hacer añade un plus: la posterior reunión de los socorristas con el  coordinador para evaluar las actuaciones de cada uno de los miembros del equipo, y el cómo se ha interactuado entre cada uno de los participantes… y en ocasiones hemos “revivido” la actuación en el mismo lugar de la incidencia.
La ejecución sincronizada, rápida y sin nervios de los protocolos que aplicamos para los diferentes tipos de incidencias debemos revisarlos y cuestionarlos constantemente: El resultado de esa crítica constructiva es la que realmente hará que las probabilidades -siempre inciertas- de una reanimación, sean mayores.
Como resumen de lo anterior quiero afirmar que únicamente la aplicación rigurosa de los protocolos aumenta las posibilidades de un resultado exitoso de nuestras actuaciones y que el resultado final del trabajo bien hecho no está en nuestras manos.
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