Como bien sabéis todos los años cuando llega el verano arrancamos la campaña #OjOPequeAlAgua, dedicada a la prevención de ahogamientos infantiles.

Uno de nuestros consejos preventivos es enseñar a  nadar  a los niños. Por supuesto eso no evita la supervisión contínua pero sí nos da unos segundos de tiempo preciosos de haber un accidente.

Para saber más sobre las ventajas de la natación para bebés hemos contactado con Antonio García, de Nadando entre bebés, autor del libro que lleva el mismo título.

Aquí os dejamos sus reflexiones, son muchas las ventajas. Para nosotros la más importante: aprender a nadar puede salvarle la vida.

Gracias Antonio

Muchos padres interesados en clases de natación para bebés se hacen la misma pregunta ¿Cuándo empezar? ¿Es demasiado pequeño? ¿Aprenderá igual cuando sea más mayor si esperamos?

En respuesta a estas dudas y muchas otras que nos surgen cuando somos padres, sobretodo en relación a las “clases de natación”, os invito a una reflexión…

¿Y si el agua sirviera para mucho más que nadar?

Está más que comprobado que trabajar con bebés en el agua, les aporta infinidad de beneficios; entre ellos el más importante y necesario a nivel de seguridad primaria, su “flotación inicial” que con sistemas como el Método NEB, le puede salvar la vida literalmente al pequeño desde los primeros meses de vida.

En esta primera temprana etapa, los bebés no aprenderán “a nadar”, tal y como entendemos el concepto de natación, aunque, sí, a resolver una situación conflictiva dentro del medio acuático. Es decir, encontrar la manera de mantenerse a flote (la supervivencia), evitando así el ahogamiento. Sin olvidar, debido a su importancia, la oportunidad de desarrollarse íntegramente a nivel psicomotriz.

5 Razones por las que empezar cuanto antes a flotar/nadar

Puede salvarle la vida

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Potenciar crecimiento y desarrollo

Aprovechar sus reflejos naturales

Conocer a tu bebé en un medio diferente

Desarrolla su inteligencia emocional

1. Puede salvar la vida del bebé

Aunque no nos gusta oir hablar del ahogamiento infantil, por desgracia es una realidad con casos cada año en playas y piscinas.

Este fue el principal motivo que me llevó a mi dedicar mi carrera profesional a los bebés y su supervivencia en el agua. Por este motivo y tras más de 20 años de experiencia y cientos de casos de éxito, puedo asegurar que iniciar las clases de natación con bebés de temprana edad, desde los tres meses en adelante, le ofrecerá una ventaja de máximo valor para estimular el aprendizaje de flotación instantánea, herramienta que puede salvarle la vida en caso de despiste o accidente.

Nuestros bebés nacen con unas características que le permiten adaptarse al medio acuático muy rápidamente.

Están capacitados desde su nacimiento, ya que los reflejos acuáticos y su desarrollo psicomotor nos ayudan a entender su comportamiento al entrar en contacto con el agua y así ayudarles a evitar el ahogo, mediante la realización de ejercicios específicos de la mano de profesionales altamente cualificados.

2. Potenciar crecimiento y desarrollo

 A menudo pasamos por alto, la oportunidad que el medio acuático brinda a nuestros hijos, para un crecimiento equilibrado y pleno desarrollo psicológico, emocional y psicomotor.

Diversos estudios realizados recogen la importancia de la práctica acuática en los primeros meses de vida. Podemos destacar algunos con niños en edad escolar, donde se puso de manifiesto que aquellos que habían asistido a clases de natación para bebés, mostraban un coeficiente intelectual más alto que aquellos otros que no sabían nadar.

Además, destacando asimismo que las actividades acuáticas en edades tempranas mejoraban la atención y la independencia como observaron Diem (deportista olímpico alemán y organizador JJ.OO del 63) y Cols (psicólogo) en el año 1978.

En la misma línea, Camus (1983) llegó a la conclusión, que los bebés que habían practicado clases de natación, mostraban una mayor inteligencia motriz por haber disfrutado de un campo de experimentación más amplio.

En estudios posteriores, vemos claramente que las actividades acuáticas no solo proporcionan mejoras en el campo motriz, en donde se muestran más activos, sino también que tienen una gran influencia en el plano cognitivo.

3. Aprovecha sus reflejos naturales

Al tiempo que acompañamos a nuestro bebé en su día a día notamos movimientos espontáneos, esto es lo que se conoce como reflejos.

Los bebés están dotados de diferentes reflejos, a continuación comentamos algunos que están directamente relacionados con el medio acuático.

Pongamos dos como ejemplo:

Reflejo del moro

Se observa desde el nacimiento hasta los 4 meses y facilita la posición del bebé boca arriba (nariz y boca fuera del agua) así como mantenerse y más tarde desplazarse en esta posición.

Reflejo de apnea

Aparece con el nacimiento y tiende a desaparecer al 6º mes de vida si no se ejercita, aunque es fácil reaprenderlo hasta el primer año de vida. Consiste en un bloqueo de la respiración cuando el agua humedece las vías respiratorias externas.

Estos reflejos que disponen nuestros bebés junto a otros  relacionados concretamente con el agua, nos ayudan en las clases de natación de temprana edad, a conseguir el objetivo principal de no ahogarse.

Motivo principal para empezar cuanto antes a que nuestro peque conecte con el agua con metodologías específicas adaptadas a cada una de sus etapas de crecimiento.

4. Conocer a tu bebé en un medio diferente

Alguna de las preguntas que nos hacemos como padres:

¿Se puede sumergir a un bebé tan pequeño? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Hay peligro si traga agua?

Os aseguro que si hacemos los ejercicios correctamente, las clases de natación y supervivencia acuática, son una actividad muy segura y divertida.

Os invito a no tener miedo de realizar por ejemplo, el ejercicio de bajar al suelo de la piscina con nuestros bebés y niños, pueden disfrutar de ser pequeños “Nemos” si sabemos como realizar la inmersión adecuadamente.

La realización de ejercicios como estos, planteados en forma de juegos, ayudan a conseguir una adaptación de la respiración del bebé al agua, que junto a otros elementos, será básica para ayudarle a salvar la vida en caso de necesidad.

Si trabajas con tu bebé desde los primeros meses de vida  facilitaras esta adaptación respiratoria y le ofrecerás un amplio abanico de opciones en caso necesario.

5. Inteligencia emocional en el agua

El mundo de la inteligencia emocional es evidentemente fundamental en nuestro desarrollo personal como individuos.  No es distinto para un bebé.

Muy interesante observar que aprender a gestionar determinadas emociones durante y fuera de las clases de natación, ayudarán a fortalecer una sana conexión del bebé con el agua como medio, así como una experiencia mucho más enriquecedora y divertida.

Hace unos años implementando herramientas de coaching e inteligencia emocional en el agua, observé como cambiaba la actitud de los padres en relación al agua, transmitiéndoles mucha más tranquilidad y confianza.

Estos beneficios nos ayudan como padres y por supuesto directamente en la relación con nuestro bebé en esta nueva experiencia.

Tener una buena inteligencia emocional nos abre toda una nueva manera de percibir el agua como medio, ver las clases de natación como parte natural de su desarrollo y soltar miedos y apegos innecesarios.

Como Coach especialista en niños y familias, he podido comprobar el impacto positivo que genera en cada uno los miembros de la familia que interactúan con el bebé en el agua.

Con la emoción del miedo o de la culpa que a veces puede surgir en los padres (resultado de propias creencias  experiencias), lo más interesante es como una buena gestión emocional de estas emociones durante las clases de natación, generan un cambio positivo en la actitud del bebé durante la actividad, hecho que hace que la propia estimulación y confianza personal del peque se desarrolle adecuadamente.

Por eso la importancia de trabajar esta inteligencia y gestión emocional en el medio acuático de la mano de un mentor o coach especializado como tenemos en NEB.

Las clases de natación con bebés no deja de ser un proceso de enseñanza en el que nuestro niño va creciendo y experimentando. Un desarrollo natural pasando por distintas etapas donde explorara su autonomía y curiosidad hacia el entorno.

De manera que es habitual y totalmente natural, que despierte determinadas emociones, algunas no resultaran más agradables como padres como es la alegría y curiosidad del bebé al chapoteo con agua, y otras no tan agradables  como pueden ser el desapego, ocurre al entrar en un contexto diferente y un entorno desconocido.

La gestión de estas situaciones, la forma en cómo experimentemos e interpretemos estos momentos, hará que  tengamos nuestra propia percepción sobre el medio acuático, llevándonos a verlo como un entorno de aprendizaje divertido u hostil. Por eso, es muy importante recordar que nuestro propio aprendizaje ayudará a nuestro bebé a desarrollarse a todos los niveles con mayor plenitud.

Estarás de acuerdo conmigo, que las noticias y cifras sobre ahogos en menores impactan profundamente. A veces incluso el estar cerca de una piscina, río o playa nos genera mucho estrés.

Así es, da miedo pensar como un bebé es capaz de llegar a una piscina y terminar ahogado. Por eso, la mejor medida es actuar, enfrentarnos a nuestros miedos como padres y ofrecerles a nuestros bebés las numerosas ventajas y posibilidades que lleva realizar clases de natación a una temprana edad.

Poder disfrutar del agua con tranquilidad máxima, no tiene precio. Un medio saludable y beneficioso para la salud y el desarrollo infantil y a cualquier etapa de la vida.

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